Resumen
El galgo español es el lebrel de las llanuras castellanas: más ligero, más seco y algo más pequeño que el greyhound inglés, con una cabeza larguísima y estrecha y una grupa más alta que la cruz. Se seleccionó por resistencia y no por un único arranque explosivo, así que puede galopar kilómetros sobre terreno abierto y seco — y después dormir todo el día sobre algo blando. Con los desconocidos es serio y reservado; con los suyos, profundamente afectuoso y muy dulce dentro de casa. Independiente y sensible, responde a la paciencia y no a la presión, y siente el frío, el ruido de la ciudad y una palabra dura más que la mayoría de las razas.
Historia y origen
Perros corredores de patas largas y hocico estrecho ya recorrían la península ibérica antes de los romanos: el vertragus celta que describieron Arriano y Marcial hace dos mil años ya se empleaba en la liebre, y Arriano menciona tanto ejemplares de pelo liso como de pelo duro. Más tarde, se cree, se cruzaron los sloughis traídos por los musulmanes, y en la Edad Media el galgo era perro de nobles: los fueros de Salamanca, Cuenca y Molina multaban a quien matara o robara uno, y un testamento de 1081 lega «un galgo negro con manchas de plata». La raza mantuvo su trabajo en las llanuras de Castilla, La Mancha y Andalucía, donde cazaba la liebre a vista en campo abierto, y recibió el estándar de la FCI en 1972. En el siglo XX se cruzó con greyhounds ingleses para obtener corredores más rápidos, un experimento que se abandonó pronto; hoy la raza se conoce menos por las pistas que por las protectoras que le buscan hogar.
Cuidados
El pelo corto y fino apenas pide nada: un repaso semanal con un cepillo de goma o una gamuza, un baño de vez en cuando y revisión regular de orejas, uñas y dientes. La piel es fina y se rompe con facilidad, así que conviene mirar los pequeños cortes después de correr por terreno duro, y recordar que los lebreles son muy sensibles a la anestesia: decirlo al veterinario antes de cualquier operación. El galgo necesita ejercicio de verdad, no un paseo largo y lento: una salida diaria y la posibilidad de galopar en un campo bien cercado, mejor con bozal en campo abierto, porque el instinto de persecución se dispara en cuanto algo corre. Es un perro limpio, silencioso y fácil de educar en la limpieza, pero pasa frío: una manta en invierno y un lecho blando sin corrientes no son un lujo.
Condiciones
Un galgo puede vivir perfectamente en un piso: es un velocista, no un perro que recorra la casa todo el día, y con un sofá caliente duerme sin problema dieciocho de cada veinticuatro horas. Lo que no puede faltarle es un lugar seguro donde correr a diario: un galgo al que nunca se le permite galopar se vuelve tenso y destructivo. Con los niños que respetan su espacio es dulce, con otros perros suele ser tolerante, pero debe vivir dentro de casa con la familia, no en un canil o en el patio, porque tiene piel fina y pelo escaso. Gatos y animales pequeños necesitan una presentación cuidadosa, y la valla del jardín debe ser alta y tupida: un lebrel salta un muro bajo y desaparece antes de que lo oigas.